Revolución de 1848 en España

La historiografía que trata de las revoluciones de 1848 ha considerado tradicionalmente que España no participó en los acontecimientos europeos. No obstante, tales eventos, y en particular la revolución en Francia, tuvieron un impacto considerable en la vida política española. 

De hecho, hubo levantamientos revolucionarios en España a lo largo del año 1848, y el país fue gobernado bajo leyes extraordinarias hasta 1849. La revolución de febrero en París provocó una escisión en las fuerzas liberales españolas, llamadas progresistas, y dio nacimiento al Partido Demócrata Español en abril de 1849, con el apoyo de demócratas liberales y republicanos. 

Los acontecimientos de 1848 también promovieron divisiones en el partido conservador gobernante, que finalmente perdió el poder tras la revolución de 1854.

Aunque la revolución no triunfó, los eventos europeos tuvieron una considerable influencia en ella. El estallido de dos disturbios en Madrid dio lugar a un período de gran agitación e inestabilidad, en el que también se formaron conspiraciones de revolucionarios que habían emigrado a otras provincias españolas y a regiones fronterizas con Francia, en particular Bayona y Perpiñán. 

España permaneció sujeta a leyes excepcionales hasta enero de 1849. Todo esto en un contexto turbulento, donde el liberalismo progresista y la democracia trataban de ganar terreno, en continua lucha contra el liberalismo conservador y autoritario en el poder, que eran apoyados por una fracción del ejército y por las clases trabajadoras urbanas. 

Los primeros grupos democráticos aparecieron en España hacia 1840, abogando por el sufragio masculino universal, con una amplia descentralización administrativa y la libertad de prensa, de reunión y de asociación. 

Se declararon herederos del espíritu de la Constitución de 1812, redactada tras la invasión napoleónica durante la Guerra de la Independencia (1808-1814), la caída de la monarquía y el establecimiento de un poder alternativo (las Cortes de Cádiz). 

Esta constitución, que marcó el comienzo de la revolución liberal en España, proclamó la soberanía nacional, la igualdad ante la ley, la libertad de prensa y, sobre todo, un muy amplio, aunque indirecto, derecho al sufragio. 

Entre los grupos democráticos de la época estaban los republicanos, que veían en la República el único medio de garantizar un régimen libre e igualitario, y los demócratas, para quienes la forma de gobierno no era una cuestión fundamental si el trono seguía estando sujeto a la soberanía nacional y su función era sólo garantizar la aplicación de la ley. 

Con la constitución de 1812, los demócratas se afianzan y se concibe al Rey como el jefe superior de la nación pero sujeto a la voluntad de la misma, por lo que, se crea una comisión especial de reforma que tenía incluso la capacidad de abolir la monarquía, la cual tenía poderes reducidos. 

Su función legislativa sigue limitada al veto suspensivo, que puede retrasar la promulgación de una ley pero no impedirla mientras que el ejecutivo, debe adaptarse a las normas aprobadas por las Cortes.

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