La Revolución Española (1936-1939)

La Guerra Civil fue un acontecimiento definitorio en la experiencia individual y colectiva no sólo en España sino también en Francia. Su huella marca el presente porque ha sobrevivido, a través de sus herederos y de la memoria colectiva, a aquellos que fueron sus actores. 

Muchas controversias permanecen abiertas, por ejemplo las relativas a la apertura de los archivos o a la interpretación de los hechos, consecuencia última de una guerra que no fue debidamente cerrada en su momento, amplificada por la dictadura de Franco y mal negociada por la transición política a la democracia. 

Desde el punto de vista historiográfico, es una etapa que se actualiza continuamente con debates académicos a los que se han añadido los que acompañaron a los movimientos sociales.

La Guerra Civil española no fue sólo una lucha contra el fascismo, cuando el General Franco lanzó su levantamiento militar desde Marruecos el 18 de julio de 1936, la clase obrera española se había organizado masivamente durante varias décadas en la C.N.T. anarcosindicalista, vinculada ideológicamente a la Federación Anarquista Ibérica. 

Esta guerra de clases se llevó a cabo en nombre de la Revolución Social. A partir del 19 de julio, al tomar el poder espontáneamente, el pueblo privó a las autoridades de toda competencia y al Estado de toda legitimidad. Este movimiento popular, inspirado y animado por los anarquistas, organizó en poco tiempo una nueva sociedad y se impuso como una verdadera alternativa revolucionaria. 

Tanto en la ciudad como en el campo, la gente tomó sus asuntos en sus propias manos. Millones de trabajadores autogestionan las fábricas y los campos, colectivizan los medios de producción y gestionan las cooperativas de consumo y de producción. 

Todos los sectores económicos y geográficos se involucraron en diferentes niveles, en educación, salud, transporte, servicios, industria, agricultura. En algunos lugares, el dinero es abolido, en otros el trueque es el medio de intercambio. Por ello, los trabajadores hacen una revolución social, contra el fascismo, las democracias burguesas y el estalinismo, estableciendo el comunismo libertario. 

En Madrid, entre 1936 y 1939, se fusilan numerosas personas y en agosto de 1936 se produjeron masivas ejecuciones sumarias, en las que murieron varios ex ministros de la república, así como un ex ministro radical condenado a muerte por su supuesta participación en el levantamiento militar sin que se aportara ninguna prueba, fue ejecutado al día siguiente en la prisión de Madrid. Los prisioneros políticos de Jaén fueron transferidos a Madrid y  ejecutados en el camino. 

A partir de marzo de 1937, las víctimas de las masacres republicanas tenían más probabilidades de ser del propio campo republicano. En efecto, el equilibrio de poder se modificó fuertemente en el contexto del conflicto por las necesidades organizativas vinculadas a la guerra permitieron una reestructuración más centralizada del poder, en detrimento de las organizaciones de poder local con una tradición federalista. 

La centralización del poder permitió al PCE, apoyado por las otras agrupaciones republicanas,  purgar durante el verano de 1937, las tendencias libertarias de la CNT (a favor de un dominio del PCE). También se llevó a cabo la caída de Barcelona, cuyos elementos revolucionarios fueron reprimidos militarmente. Finalmente, el Partido Marxista de Unificación Obrera (PULM), fue el único partido pro-revolucionario, que fue disuelto por la fuerza.

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